Liderazgo femenino y cultura financiera

Ángeles Gallardo

Editora periodística especializada en temas de educación e innovación pedagógica. 

Fundadora de www.ineditagencia.com

Los jóvenes de hoy no tienen nada fácil la tarea de incorporarse a la vida adulta, y todavía más
complicada resulta para las mujeres jóvenes. Los medios nos bombardean a diario con
mensajes de liderazgo femenino en todos los ámbitos. La presión que recibe la mujer joven
para ser emprendedora no es proporcional a las herramientas que ha recibido para ello en su
educación.
Actualmente, las jóvenes emprendedoras tienen un nivel académico superior al de sus madres,
pero sigue existiendo una carencia en el ámbito financiero, por razones culturales y por
deficiencias en el ámbito pedagógico.
El dinero ha sido un tabú en nuestra sociedad que se ha transmitido de generación en
generación hasta nuestros días, de modo que el lema «del dinero no se habla» es algo que
sigue vivo en nuestro ideario cultural. La educación, como principal vía socializadora de la
persona, ha copiado ese tabú y lo ha defendido e incluso justificado, en ocasiones.
Hablar de dinero es mucho más que expresar lo que ganamos o no con nuestro trabajo. Hablar
de dinero implica saber qué significa ahorrar, qué implica solicitar un préstamo o un crédito,
entender el concepto de seguro y previsión a largo plazo. Esos son los conceptos que
constituyen una cultura financiera, una visión holística y útil del dinero.
La visión holística del dinero es imprescindible para el emprendimiento del siglo XXI y la
realización de proyectos en los que el lucro o la venta de productos no sean el único objetivo
de la actividad empresarial. El emprendimiento colaborativo, la producción cooperativa y otras
formas de acción creadora de empresa son posibles gracias a una sólida cultura financiera.
Como pasa en otros ámbitos del conocimiento, es recomendable iniciar el aprendizaje lo antes
posible para naturalizarlo e integrarlo en el pensamiento habitual de los alumnos y las
alumnas. Por ello, reivindicamos la necesidad de introducir la educación financiera en las
etapas de Primaria de forma transversal al estudio de las matemáticas y al desarrollo de las
competencias para la ciudadanía.
El aprendizaje de las matemáticas suele unirse a la repetición de tareas que no enlazan bien
con los intereses reales de los alumnos. Algunos conceptos financieros pueden resultar útiles
para poner en práctica principios matemáticos, a la vez que facilitamos situaciones reales para
conectar las tareas del aula con la vida práctica en sociedad. Los alumnos pueden realizar
ejercicios aritméticos descubriendo cuánto cuesta la luz o el agua en sus hogares. O bien, por
qué unos productos alimenticios son más caros que otros, esa puede ser una pregunta
apropiada para debatir sobre los productos locales y los costes de transportar mercancías.
Hay que evitar infravalorar las capacidades de los estudiantes de la etapa de Primaria e
invitarles a participar en la sociedad desde el conocimiento de conceptos como PIB (Producto
Interior Bruto), IVA y los impuestos en general, qué son y para qué sirven. Así, se facilita que
lleguen a ser adultos capacitados para elegir cómo contribuir en una sociedad que conocen y
entienden.

Impulsar el aprendizaje de conceptos financieros macroeconómicos en la etapa de Primaria
puede ser la base de construcción de futuras líderes empresariales, que desarrollen negocios
con responsabilidad social en su ADN constitutivo, y no como una simple acción de imagen
corporativa más.
No hay acción humana que no tenga una implicación económica, de modo que si negamos el
conocimiento financiero a los alumnos estamos deshabilitándoles para ser ciudadanos
integrados y participativos de adultos.

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